Revista de Educación Ambiental Nº3 Julio 2026

Editorial :

Educación ambiental: sembrar convivencia para construir futuro

Como sociedad, enfrentamos desafíos ambientales cada vez más urgentes, pero también, tensiones sociales que se expresan en la convivencia cotidiana: en los barrios, en los espacios públicos y, de manera especialmente sensible, en nuestras comunidades educativas. La violencia escolar, la intolerancia, la desconfianza y la dificultad para dialogar nos interpelan como país y nos obligan a preguntarnos qué herramientas estamos entregando a las nuevas generaciones para relacionarse con la sociedad y con su entorno.

Parte de estas preocupaciones son abordadas en este, el tercer número de la Revista de Educación Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, como un aporte a la reflexión que nuestra sociedad debe tener sobre la convivencia social que enfrentamos.

Desde la perspectiva de nuestro ministerio, es relevante constatar que la educación ambiental adquiere una preeminencia profunda y estratégica, pues no se trata únicamente de enseñar contenidos sobre reciclaje, biodiversidad o cambio climático, sino que, ante todo, es una invitación a comprender que somos parte de una comunidad más amplia, donde nuestras acciones impactan en los demás, en los ecosistemas y en el futuro común que compartimos.

Cuando una comunidad trabaja un huerto, recupera un espacio o desarrolla iniciativas de eficiencia energética, no solo está impulsando acciones ambientales. Está fortaleciendo vínculos, construyendo sentido de pertenencia y generando experiencias concretas de colaboración y cuidado mutuo. Allí se aprende que convivir implica dialogar, organizarse y asumir responsabilidades compartidas. O sea, la educación ambiental es también educación para la convivencia democrática.

Por eso, el fortalecimiento de la educación ambiental debe entenderse como una política pública integral, capaz de aportar no solo a la sostenibilidad ecológica, sino también a la cohesión social. Necesitamos más espacios educativos donde niños y jóvenes puedan aprender a resolver conflictos mediante el diálogo, valorar la diversidad y construir acuerdos desde el respeto.

La educación ambiental, en este punto, contribuye precisamente a formar personas conscientes de la interdependencia entre el bienestar de las comunidades y el cuidado del ambiente, fortaleciendo una cultura de respeto que se expresa tanto en la relación con otras personas como con el entorno que habitamos.

Aquí hay una mirada ética, pues quien comprende el valor de un ecosistema, entiende también la importancia de proteger la vida en todas sus formas. Quien participa en acciones comunitarias de recuperación ambiental, experimenta el poder de la cooperación y el encuentro. Allí radica uno de los mayores aportes de la educación ambiental: ayudarnos a reconstruir confianzas y reencontrarnos como sociedad.

La educación ambiental nos recuerda que cuidar el planeta y cuidar nuestras relaciones humanas son tareas inseparables. Porque una sociedad que aprende a respetar la naturaleza también puede aprender a dialogar mejor, a convivir en paz y a construir un futuro más justo, democrático y solidario para todas y todos.

Espero puedan disfrutar esta edición de la Revista y ayudarnos en la reflexión tan necesaria que nuestra sociedad debe hacerse, sobre educación ambiental, convivencia, fortalecimiento de la democracia y desarrollo sustentable.

Francisca Toledo Echegaray
Ministerio del Medio Ambiente

Indice de la Revista:

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