Roberto González Munizaga: “Las herramientas y redes virtuales en pandemia, nos permiten desarrollar la sociabilidad, algo muy relevante en educación ambiental. Los problemas deben tener soluciones que contemplen el involucramiento de comunidades”

El jefe del Departamento de Educación Ambiental (DEA) del Ministerio del Medio Ambiente, se refirió a los principales desafíos que enfrenta y enfrentará el área, en medio de la pandemia […]

El jefe del Departamento de Educación Ambiental (DEA) del Ministerio del Medio Ambiente, se refirió a los principales desafíos que enfrenta y enfrentará el área, en medio de la pandemia por Covid-19 y las nuevas tareas con miras a un futuro más sustentable.

Catalina Rojas O.

P.: ¿Cuáles crees que son los nuevos desafíos que ha enfrentado el Departamento de Educación Ambiental (DEA) este último año?

R.G: Sin dudas, un gran desafío ha sido enfrentar el nuevo contexto global donde la salud pública se ve amenazada. Qué hacer, cómo actuar, cómo pasar de una educación ambiental que promueve el contacto directo con los territorios, con las comunidades, enfrentando temas socioambientales locales a una nueva interacción social donde todo es online, donde nos comunicamos a través de computadores y desde el espacio vital de cada casa.

 

Desde el Departamento de Educación Ambiental hemos realizado conversatorios, seminarios y capacitaciones con la participación de invitadas e invitados nacionales y extranjeros, quienes son referentes de opinión en educación ambiental. Esto ha permitido mantener un contacto más cercano, dialogar y discutir al calor de los problemas que cada uno ha tenido que enfrentar junto a las preocupaciones ambientales que estaban presentes antes de la pandemia. Además, cada Seremi ha desarrollado encuentros con sus respectivas comunidades lo que ha permitido enfrentar el aislamiento y mantenernos activos a lo menos en nuestras casas con el cuidado y protección del medio ambiente.

P.: ¿Cómo ha sido el proceso de integración para los distintos territorios, en medio de esta pandemia?

Ha sido un proceso complejo y de aprendizaje acelerado. Nadie podía prever el impacto que tendría la pandemia en nuestras formas de relacionarnos y comunicarnos. De un momento para otro todo pasó a ser virtual, pasamos de un encuentro con docentes de Antofagasta a uno en Aysén de un minuto a otro en el mismo día, e incluso nos topamos con público repetido en ambas jornadas, esto ha sido un fenómeno claramente distinto a lo conocido. Pero por otro lado los seres humanos tenemos una capacidad de adaptación increíble, nos hemos ido acomodando y creando espacios de intercambio que comunican distintos territorios y realidades para ir pensando en conjunto el qué hacer. Pero es importante tener presente que este buen ánimo y voluntad ha estado siempre guiado por la fe en que este momento virtual es transitorio, asumiendo que en algún momento saldremos de él.

P.: ¿Qué nuevas herramientas para ejercer la educación ambiental destacarías y cuáles crees que han sido o serán fundamentales para desarrollar desde el MMA, tras esta pandemia?

R.G.: Debemos seguir buscando nuevas herramientas de comunicación y aprendizaje utilizando los medios virtuales que se han masificado a nivel mundial. Avanzar en cursos semipresenciales, compartir bibliografía digital, transmitir contenidos y metodologías de educación ambiental vía e-learning, juegos y actividades que pueden ser desarrolladas colectivamente para evitar perder la sociabilidad que es tan importante en educación ambiental. Los problemas comunes deben tener soluciones que contemplen el involucramiento de la comunidad.

 

Es así como contamos con los cursos online de la Academia de Formación Ambiental, el Repositorio de Educación Ambiental para docentes y ciudadanos y una gran cantidad de conversatorios, seminarios y talleres que han demostrado ser de gran utilidad en contextos de cuarentena y suspensión de clases presenciales.

P.: ¿Qué tareas consideras que deberían reforzarse desde la DEA, con miras hacia el futuro?

R.G.: Debiésemos avanzar hacia una oferta más masiva de algunos de los programas que tenemos. Por ejemplo, a través de la Academia de Formación Ambiental Adriana Hoffmann se podría dar respuesta a una gran demanda que hay por parte de la ciudadanía, de capacitarse y formarse en educación ambiental. Nuestros cursos se dan para aproximadamente 200 personas, pero este número podría ser ampliado, mediante alianzas colaborativas con otras instituciones.

 

Otro aspecto interesante, sería fortalecer el vínculo de nuestros programas e iniciativas con los Objetivos de Desarrollo Sustentable ODS, permitiendo explicitar el aporte e impacto que tienen las acciones que realizamos en materia de educación ambiental, para avanzar hacia una sociedad más sustentable.

 

Por último, debemos seguir en la tarea de proponer y mostrar la educación ambiental como un movimiento educativo transformador, que busca un cambio profundo en la sociedad, que va más allá de acciones aisladas e individuales de cuidado de los recursos naturales. Me refiero a que la ciudadanía comprenda que necesitamos una nueva ética ambiental, anclada en valores sociales que nos permitan una sociedad más justa, equitativa y solidaria. En este proceso, construir comunidad es clave. Es decir, lograr que exista unión entre distintos actores de la sociedad que habitan un determinado territorio, los cuales se dan apoyo mutuo para el mejoramiento de su entorno de vida. La educación ambiental, a través de sus diversas herramientas, logra justamente construir lazos de comunidades, permitiendo que se transformen en un motor de cambio efectivo.

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Publicado en Entrevistas.